domingo, 21 de diciembre de 2008

CRISIS



Estaba escribiendo una entrada sobre tradiciones familiares en Navidad, pero he abandonado porque hoy estoy triste. Ayer un antiguo compañero de trabajo me anunció que acababa de firmar los papeles del divorcio. Mi compañero y su mujer son personas maduras, que cumplen sus compromisos, trabajadores y excelentes personas. Tienen dos hijos en la adolescencia con muy buen pie gracias a la preocupación y dedicación de sus padres.
¿Qué ha sucedido entonces?. …de lo que estoy segura es que el divorcio no es la solución.

Las crisis en el matrimonio, y en la vida en general, son frecuentes, se producen cuando existe un cambio muy marcado en algo, pero no tienen por qué ser una hecatombe, podemos aprovechar las crisis para mejorar el matrimonio.
Es imprescindible en el matrimonio que los sujetos que lo contraen tengan un grado de madurez suficiente, que sean libres, en el sentido de que se autoposean porque el matrimonio como relación de unión exige entrega de sí mismo y si el sujeto individual es esclavo de vicios, pasiones o trastornos psicológicos, en suma si carece de libertad, no puede autodonarse al otro. Nadie da lo que no tiene y la autodonación presupone autoposesión. Pero con este presupuesto cualquier obstáculo es superable. Sin embargo tenemos que tener en cuenta que ese amor que surge de nuestra carne, ese enamoramiento por el que nos sentimos naturalmente inclinados al amado, se convierte con el “SI QUIERO” del matrimonio en compromiso. Los cónyuges, porque lo son deben realizar las obras comprometidas, deben poner los actos adecuados para la vida conyugal, y deben hacerlo teniendo en cuenta que la persona es una unidad; todos los actos de su vida deben estar empapados de conyugalidad y todos deben ser actos familiares. No estamos simplemente ante una pareja, que se caracteriza porque existen entre los sujetos que la componen relaciones recíprocas, y la pareja subsiste mientras esas contraprestaciones satisfacen a cada uno de los sujetos individuales; en cuanto se rompa la ecuación, si a uno de los dos no le compensa el cambio –la crisis- la pareja se destruye. Pero en el amor conyugal hay una tercera dimensión que coexiste con las otras dos y se superpone a ellas, es “la unión conyugal”. Se trata de un deberse su ser y obrar como proyecto cobiográfico, un proyecto de vida en común, que genera una manera de vivirse unidos, un adentramiento amoroso hasta la intimidad “desnuda” de los amantes. El grado de penetración en esa cointimidad, el don y el acogimiento entero y sincero determinará una compenetración íntima. De la unión de los esposos surge algo nuevo y distinto a los sujetos individuales que lo constituyen, cuyos intereses deben prevalecer sobre los individuales de los sujetos.
El amor de los así conyugados es capaz de desprenderse de lo cíclico, no envejece porque ha alcanzado un grado de espiritualización capaz, como dice el profesor Pedro J. Viladrich de ser “un principio de vida que no se pasa entre lo que nos pasa y se pasa”, capaz de irradiar unión.
Cuando notamos un malestar acudimos al médico para que indague la causa y ponga remedio, no se nos ocurre ir directamente al funerario, por eso cuando en el matrimonio notamos algún síntoma de alejamiento debemos poner los medios para remediarlo, si nuestro cónyuge no es nuestro amigo/a más íntimo ¡cuidado!. Y si no somos capaces, con actos de donación de nosotros mismos y de aceptación sincera del otro, de mejorar la situación, debemos acudir al especialista, que también lo hay, para que nos ayude a salir del bache. Creemos que el matrimonio se mantiene sencillamente “estando”, pero en realidad solo crece “amando”. María Jesús

11 comentarios:

  1. Hola familia.

    La pregunta es ¿cómo se alcanza esa madurez? Y la respuesta, que no se alcanza, sino que se recibe al acoger a Jesucristo en nuestra casa, al conformarnos con Él, que es el Ser humano perfecto. Es decir, al darte cuenta de que tus planes son pecado y nada ante el Plan de Dios y fiarte por tanto de quien te lleva de la mano y que antes desechabas.

    Menudo sermón me ha salido.

    Un abrazo en Cristo y en María.

    ResponderEliminar
  2. Cambiando el tono, pero no el tema... ¿Tenéis pensado viajar a la Plaza de Colón el día 28? Os prometo que os buscaré. Esos rostros vuestros no se olvidan!

    ResponderEliminar
  3. Chicos de León que os hacéis de querer:que tristeza provoca siempre una ruptura.Quizás pueda haber un retroceso,un volver a intentarlo.
    Besos,besos

    ResponderEliminar
  4. Creo que no se puede generalizar. Cada pareja es un mundo.
    Y la gente cambia, y con ellos sus sentimientos.
    Eso sin entrar a hablar de infidelidades, malos tratos, etc.
    Muchas veces es mejor para los hijos que sus padres se separen que no ver una tragedia cada día en su hogar.
    Antes que salvar al matrimonio hay que salvar a las personas.

    Besos.

    ResponderEliminar
  5. ..., que sean libres, ...

    He "descubierto" en estos últimos años que la libertad es un acto interior, que la mayoría de las veces no se esterioriza a simple vista. Es más, que el mayor acto de libertad que podemos hacer es dar nuestra libertad por otra persona, prescindir de la libertad.

    No me esplayo más, porque esto de la libertad tiene miga; !cuanta gente esclava de si mismos se creen libres¡

    Javier.

    ResponderEliminar
  6. "Solo crece amando", creo que ahí esta el secreto de muchas cosas. El amor igual que llega se va, sobre todo si no te esfuerzas en cuidarlo. Con todo mucha gente rompe sus matrimonios por la minima tontería, yo creo que merece la pena esperar y hablarlo sobre todo si hay hijos peqieños de por medio que son los más perjudicados.

    ResponderEliminar
  7. Te comenté antes pero lo escrito se lo llevó la mala conexión...
    Te decía que es muy dificil juzgar desde fuera como está de lleno el cesto de los "trapos sucios" de los demás...Cuando una pareja es amiga duele su ruptura, pero a veces el cesto está ya lleno y no hay salida mejor...
    Un besazo

    ResponderEliminar
  8. Yo no hubiera podido explicar esta situacion también Mª Jesús, y eso que yo he pasado por lo que ya sabes.
    Sólo digo que si despues de intentarlo todo se llega al divorcio, aún con todo el dolor que conlleva, siempre hacia adelante, aceptando y creciendo con amor (cada uno que le ponga el "amor" que quiera), pero ya sabemos cual es el verdadero y el que Siempre está, El que no nos deja si nosotros queremos que sea así, y el que dará de nuevo sentido a nuestras vidas.
    Aprovecho para desearos una muy Feliz Navidad, que el niño Dios nazca de nuevo en nuestros corazones y no deje de iluminar y guiar nuestras vidas para que nuestra vida sea un continuo dar gracias.
    Muchos besos a todos y uno muy especial y fuerte a Milines. Que Dios os bendiga.

    ResponderEliminar
  9. Tema que me resulta dificil opinar, ya que casa persona es unica e irrepetible y asi es su vivencia en cualquier ambito que se encuentre y entre ello el matrimonio.
    Pero siempre creo que hay que luchar por lo que se ama, mientras se ame.

    besos

    ResponderEliminar
  10. Yo he vivido varios divorcios en mi familia... todos muy dolorosos, evidentemente. Sé que voy a ser muy bruta y quizá simplona, pero después de tantas rupturas a mi alrededor, clasifico los divorcios en dos: "los matrimonios que nunca debieron suceder" y "los matrimonios que se rompen por egoísmo". Estos últimos son los realmente tremendos. Los primeros sólo son una solución chapuza a un matrimonio chapuza, realizado sin amor verdadero, sin formación, y con la persona equivocada. Duelen antes, durante y después.
    En fin, Mª Jesús, entiendo tu dolor al verles... y pienso que tienes que dar muchas gracias a Dios por ver las cosas con tanta claridad... y tener la fuerza para luchar cada día.

    ResponderEliminar
  11. Muy bueno y muy real. Tomaré nota para mi blog!!!

    ResponderEliminar