No es la foto de nuestra casa, pero si están en ella algunos de los pilares que me sustentan, que me mantienen asida a la tierra como el sarmiento a la vid, y, a la vez, me elevan hacia el cielo. Cuando uno de ellos tambalea mi vida repisa sobre los otros y si varios se desmoronan mi estructura peligra, pero rápidamente se refuerzan los pilares dañados y la obra se convierte en armoniosa, en bella, Dios lo quiera.
Tengo la sensación de que la vida me lleva “en volandas”; me gustaría rematar tantas cosas que nada más empezar tengo que acabar que he tenido que hacer un tremendo esfuerzo para acostumbrarme a la brevedad, a veces con sensación de chapuza. Genéticamente tiendo al perfeccionismo y me repugna la figura del ejecutivo que va resolviendo cuestiones sobre la marcha, sin profundizar, sin embargo, parece que mi castigo es engrosar la lista de esos ejecutivos. Me acuerdo en muchas ocasiones de mi padre que trabajó toda su vida en confeccionar un libro que iba a ser su legado, estoy segura de que hubiera sido una gran obra, pero, a juicio de mi padre, nunca estuvo lo suficientemente perfecta para ver la luz, y murió sin concluirla. Lo mejor es muchas veces enemigo de lo bueno, es una enseñanza que requiere humildad para asimilar pero que poco a poco voy incorporando a mi vida.
No entiendo a algunos familiares y amigos que en sus vacaciones emprenden viajes a países exóticos en plan supervivencia. Para mí cada día es un morir para resucitar de nuevo. Cierto es que la resurrección es siempre alegre y compensa con creces la agonía de la muerte. Y cada día intuyo un poco más del puzle de mi vida; ya hay muchas escenas de mi puzle concluídas y hay mucha vida en ellas, pero quedan muchas piezas sueltas, las hay de colores, las hay ... negras; he aprendido a no forzar las piezas para componer las escenas que imagino, sé que mi imaginación es finita comparada con lo que me espera, me da vértigo deslizarme hacia el abismo de mi vida pero sé que mi felicidad va en ello. Maria Jesus
En el post anterior se borraron comentarios. ...uno de los chicos que tienen acceso a las claves los borró queriendo borrar uno suyo, perdonad.
En septiembre del año pasado me hicieron, aún no sé por qué, una entrevista para la Gaceta de los Negocios. En principio trataba el tema del Máster que estaba estudiando, pero la periodista Isabel Solano, que resumió muy bien nuestra conversación, lo publicó como conciliación. En estos días en que el trabajo me tiene muy ocupada, recordé la entrevista que os copio:
Usted acaba con los tópicos sobre la imposibilidad de compaginar vida familiar y vida laboral. ¿Cuál es su secreto para lograr la conciliación?.
Fuerza de voluntad y ganas de lograrlo. Algunas épocas resultan duras porque hay más carga profesional, o bien varios niños se ponen enfermos a la vez. Pero se trata de establecer unas prioridades, poner cada cosa en su sitio y tener claros los valores. En mi caso lo primero es la familia por mayoría absoluta, aunque esto engarza a su vez conmi idea del trabajo: realizarlo bien me sirve para enseñar a mis hijos su importancia.
¿Qué ha dejado por el camino?
Mi marido y yo decidimos desde el principio que trabajaríamos fuera y ambos hemos hecho renuncias, pues él también procura pasar muchas tardes en casa. Al aprobar las oposiciones podía haberme dedicado a profundizar en algunos aspectos del Derecho que me interesaban o que eran más prestigiosos. Con todo, me di cuenta de que cualquier jurista podía escribir un artículo sobre esos temas, pero solo yo podía educar a mis hijos.
¿A qué ha renunciado?.
Recientemente pude optar a un Registro mucho más grande que el mío y con unos ingresos bastante superiores. No tenía sentido aceptarlo: ganaría más dinero para mis hijos, pero no podría educarles.
¿Le cuesta organizarse a diario?.
No resulta difícil. En temporadas con más carga laboral hay que adaptarse mejor. Nuestros días son más o menos iguales. Nos levantamos alrededor de las siete, después de desayunar llevamos al colegio a las dos tandas de niños, comemos con el grupo que viene antes y esperamos al que viene después. Procuramos pasar en nuestro trabajo solo el tiempo que ellos están ocupados. Me llevo trabajo a casa, donde podemos estudiar juntos.
Con diez hijos es toda una experta. ¿Qué le llevo a ampliar su formación con el Máster de Matrimonio y Familia de la Universidad de Navarra?
Desde el punto de vista científico, muchos de mis compañeros del máster se pueden considerar más expertos que yo. Únicamente poseo muchas experiencias. A raíz de un seminario sobre conciliación pensé que tenía algo que transmitir, y no sólo quería mostrar una experiencia, que no tiene por qué ser válida para todo el mundo, sino una realidad. Desde 1986 he realizado varios cursos de orientación familiar en la Universidad de Navarra, y como me gustan las aportaciones de sus profesores, decidí cursar el Máster en Matrimonio y Familia. Me ha servido para confirmar que mis creencias en este ámbito son ciertas. Aparte, mis hijos están acostumbrados a que hagamos cursos de este tema y se sienten beneficiados.
¿La gente se sorprende cuando conoce su situación?
Algunas amigas me preguntan cuál es la clave para que el matrimonio funcione y haya un equilibrio en la familia. Para mí no está en tener diez hijos, sino en que cada uno lleve la vida que está llamado a llevar. Concretamente, mi camino es el del matrimonio y nunca me he propuesto un número determinado de hijos. Vinieron uno detrás de otro y, entonces, supe que era lo mío. Pero no significa que todos deban hacer lo mismo.
Un consejo útil a partir de su experiencia.
Cada uno tiene que hacer su propia vida, en la que debe entregarse y aceptar. Como dice el profesor de la Universidad de Navarra, Pedro Juan Viladrich, el desenvolvimiento del amor lleva el matrimonio bien vivido a su plenitud. Cuando me casé pensaba que estaba enamorada, y ahora veo que estoy aún más. Dentro de unos años espero decir “entonces creía que estaba muy enamorada”. Desde el principio quería que mi matrimonio saliera adelante, y sabía que si seguía los valores imperantes en la sociedad fracasaría. No quería que mis hijos sufrieran por una familia rota.